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VIDEO

Hotel

Enrocado sobre la ladera de la colina, pequeño burgo eoliano que nace en un jardín de olivos, limones y buganvillas, allí se encuentra el Raya, asomándose con todas sus terrazas hacia el Estrómboli, que es nuestro gran Rossellini y que el buen Dios ha transformado en inmortal, frente a un mar amigo, del que emergen Basiluzzo, Dattilo, Lisca Bianca, Bottaro y las Formiche; por muchos definido como “Hotel cult”, pero que para su propietaria es solo un lugar donde los amantes de la naturaleza, la serenidad y la tranquilidad pueden finalmente encontrarse consigo mismos. Premiado en el 2004 con el Marco Polo Award, mediante la elección de un público internacional, como mejor “hotel de charme” del Mediterráneo. Nacido en los años ’60, así querido por Paolo y Myriam, dividido en tres partes diferentes, poco distantes la una de la otra:

El Raya alto: 30 habitaciones con grandes terrazas que se asoman a un mar de los miles matices del azul, del cual emerge majestoso el volcán y los islotes que coronan la isla.

Un pequeño bar ofrece, desde las primeras horas de la mañana, un agradable comienzo de la jornada al que sigue un rico desayuno a la carta.

El Raya bajo: al mismo se llega descendiendo de la colina, en menos de 5 minutos, a poco más de 100 metros del mar, de punto a punto.
Una hermosa casa señalada por Italia Da Salvare “como expresión perfecta de inserción en un contexto rural-urbano”. 6 habitaciones en el primer piso, todas con hermosas terrazas, 3 con vista al mar, 3 sobre la colina, con todo tipo de comodidad.

En la planta baja, en grandes espacios, la boutique de Myriam Beltrami.

El Raya Peppe Maria, se asoma al mar, debe su nombre a una pequeña capilla blanca que un tiempo alojaba a la Santa Pareja y en la que ahora solo está la Virgen María, por razones de moral pública, contaba tiempo atrás, sonriendo, el cura del pueblo.
Sede del “área servicios” y es aquí que se reciben a los huéspedes a su llegada.

Desde las 18 a las 21 en la terraza más alta, tomando un trago preparado sabiamente, se puede disfrutar de los matices de colores que el sol crea poniéndose detrás de la isla, reflejándose sobre las escolleras subyacentes.